Friday, February 13, 2026

Nacimos libres, un llamado al despertar de nuestra conciencia

Por Karla Mundo


A todos en el mundo quienes se despiertan y cada día usan sus libertades no solo para su propio beneficio, sino para promover las de otros individuos que viven en opresión. A quienes se desprenden del egoísmo de solo ver por ellos mismos y luchan por mejores condiciones humanas de aquellos ciudadanos que no gozan de los mismos privilegios. A quienes usan su voz en protesta de gobiernos tiránicos. A quienes han perdido la vida en la lucha por la justicia y la libertad.


A todos quienes el destino nos llevo a un pais ajeno en el cual aprendimos una segunda lengua no solo por necesidad  y poder darnos a entender, sino porque, con valentía, nos enfrentábamos a diario a la tarea de educar a quienes  en su ignorancia expresaban comentarios encajonados, cerrados y sin fundamento sobre nuestra nacionalidad o  país  de orígen; una cultura que no conocían.


A quienes usamos la segunda lengua como única forma de poder comunicar lo que llevamos en el alma. A quienes aprendimos una segunda lengua para educar a otros sobre la cruel realidad que está escrita en la historia —que yo no me inventé— sobre el terrible impacto que el imperialismo, las monarquías, el absolutismo, la opresión y las tiranías han tenido sobre la población mundial.


Durante Covid19  globalmente vivimos  las imposiciones mandatorias de usar máscaras y vacunas como única forma de “volver a la normalidad”, de poder viajar, de poder ir al mercado, de tener trabajo, de visitar a la familia, de ir a la escuela; imposiciones que sustituyeron la libertad por un mandato que, de no seguirse,dejó huellas devastadoras en las pequeñas empresas, en profesionistas que se negaron a la imposición y en millones de familias a quienes muchos han etiquetado y condenado como anti-vaxxers y que en realidad son humanos despiertos en conciencia, profesionistas educados, madres y padres que se interesan por el bienestar natural de los  suyos y de todos lo seres humanos y se han convertido en pro-derechos humanos, pro-derechos individuales, pro-libertadores.


Me pregunto: ¿Qué es en verdad la libertad? ¿Es acaso la libertad otorgada solo a un porcentaje de individuos que  durante COVID19 puedieron gozar vacaciones e ir a trabajar, mientras cientos y miles otros fueron forzados a dejar sus empleos por no vacunarse? ¿Crees que controlar, manipular o imponernos sobre otros humanos o países nos hace libres?

Si te conformaste con las imposiciones y lo hiciste por la presión de tus amistades, colegas o el presidente de tu país; o por no perder tu trabajo, por viajar por el mundo, por entrar a restaurantes, por miedo a enfermarte o por la convicción de que la vacuna era la solución, fue opcional: tenemos libre albedrío. Si te sentiste forzado o forzada, lo siento, porque nadie debe tener derecho sobre tu humanidad. Comprendo de dónde vino tu decisión.


Sin embargo, la respuesta a tu decisión no debe ser imponer una opción a millones de personas que tienen razones para no inyectarse algo que consideran tóxico y que les ha dejado sin trabajo, sin posibilidades de educación, de viajar o de vivir. Todos hemos sido testigos de los estragos de salud y la muerte que la vacuna causó a cientos de quienes lo reportaron a las bases de datos.


De un humano a otro humano… No es derecho de nadie imponerse ante una decisión que debe ser personal, no una decisión pública.


Pienso que somos “la raíz de un grito destinado a crecer y estallar”. Nacimos libres después de que nos cortaran el cordón umbilical que nos conectaba a nuestra madre. Fuimos dotados de un cuerpo sano y maravilloso que sabe sanar todo tipo de enfermedades, incluyendo el cáncer. Tenemos un cuerpo que, bien nutrido, crece y se fortalece; un cuerpo que sabe desarrollar habilidades y talentos excepcionales. Nuestro cuerpo, no le pertenece a una corporación, no estamos a disposición de los intereses de quienes usan al ser humano para experimentar y acaudalar riquezas.


No se trata de Trump o de Biden. No, me interesa saber si eres republicano o demócrata, sino cuán humano puedes actuar, sentir, conectarte. Somos una sola raza humana; no hay superiores ni inferiores, aunque algunos crean lo opuesto y lo repitan como un mantra y se lo crean, y aunque muchos hayan usado este sistema de creencias para odiar a otros con distinto color,  status social,cultura o credo.


Todos en el mundo son tus hermanos y hermanas, y si otros sufren en beneficio de tu propio crecimiento económico, eso no te hace mejor ser humano. No debemos valorar más el éxito, la fama, los reconocimientos a consecuencia de perder nuestra humanidad. Estamos conectados unos a otros más de lo que queremos aceptar. Lo que le sucede a alguien en tu casa, vecindario, ciudad u otro país —aunque tratemos de ocultarlo, de no involucrarnos, de no empatizar o no sentir— eventualmente causará una consecuencia en nuestro camino.


Tenemos la oportunidad hoy, y todos los días, de regresar a nuestra humanidad, esa que parece perdida en el mundo virtual y cibernético, sin emociones o sensibilidad por los demás. 

¡Unámonos en lugar de aislarnos o dejarnos separar! No hay poder más grande que el amor por todos los seres vivientes y, en el nombre de ese amor, te pregunto: ¿Qué vas a hacer en apoyo a las necesidades de otros, y no solo las tuyas?

 

 

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